sábado, 24 de marzo de 2018

El viaje del tiempo en el carruaje del teatro: “PRIMAVERAS”, de Aída Bortnik.


      
     El tiempo pasa, lo experimentamos, nos modifica, todos lo vivimos. La memoria evoca las vivencias del pasado, los hechos que sucedieron y que se mantienen a través de los años. Y qué puede venir después.
          El tiempo es relativo, contradictorio.
     —¿Qué será de nosotros cuando hayan pasado 20 años? —pregunta uno de los personajes de la obra.
        Pasado el período indicado, alguien vuelve a preguntar:
      —¿Era así como imaginabas tu vida?
      La medida del tiempo tendrá su referente en las primaveras que, una tras otra, se suceden simbolizadas en el árbol que Bernardo planta. Y que será refugio de la bisabuela/tatarabuela.
       Y volverá a formularse nuevamente, tras los intervalos temporales, la misma pregunta de cómo se estará, qué se sentirá cuando hayan transcurrido muchos días y años.

      En la obra teatral de Aída Bortnik se cuenta el entramado de historias de gente corriente, del vaivén del tiempo, de cómo cambian las situaciones y la identidad, de cómo las personas caminan entre problemas irresueltos de amores, frustrados y latentes, que vuelven a germinar tras los años, tras tantas primaveras.
      Hemos asistido, en la sala de teatro “Concha Lavella”, (campus universitario de La Merced), a la historia de personas y hechos históricos, en el cono sur americano, (Argentina, Chile…). Y de cómo el tiempo las mezcla y las convierte en otra cosa.
          
      Las diferentes posiciones ideológicas ante los hechos revolucionarios (Che Guevara), de dictaduras y pérdida de libertades, de exilio, (los campos de fútbol y la represión; ésta no interesa, solo el resultado de algún partido de liga); de quienes juegan a justificar en tono autodefensivo la situación en la que viven, en el alcohol y la violencia que enfrenta a los protagonistas y que deja al descubierto el maltrato a la mujer. Y a todo esto, la constante falta de entendimiento entre las generaciones.
        Las cosas revividas cobran otro valor.
          El tiempo, subjetivo y a la vez tan implacable.
        Las relaciones cambian y el amor también cambia… ¿Entonces qué?
       Solo la música en el tiempo será nexo común que mantenga la relación entre familiares y amigos en el espacio íntimo compartido. Naturalidad y sencillez.
       El tiempo se escapa de las manos y la felicidad se convierte en una reivindicación de la realidad: intento infructuoso de ser feliz en la madurez.

      Texto, música y escenografía: amor; soledad; sexo; feminismo y maternidad; familia; relaciones personales… son algunos de los temas de la obra representada.
       La historia transcurre a través de la música y del juego de luces. El equilibrio interpretativo de los actores es admirable y, con solo salir o permanecer en escena, se manifiesta el considerable e ilimitado trabajo que tiene detrás la obra “Primaveras”, de la argentina Aída Bortnik fallecida en 2013 a los 75 años, escritora y guionista de teatro, cine y televisión; periodista de destacada participación en los años setenta y ochenta. Multipremiada con numerosos premios y distinciones.
        "Primaveras", estrenada en 1984, muestra la mirada de su autora, el hábil manejo de los símbolos del tiempo y su paso inexorable.
        El acertado escogimiento de los temas musicales para los diferentes momentos de la obra ha dejado bien claro que la elección del vestuario se ha hecho con atención y cuidado a las épocas del paso del tiempo.
Acertado ha sido el empleo de flash-back, retroalimentación para caminar hacia adelante y hacia atrás en el tiempo, mostrando el estado de personas y relaciones.
     La música lleva de la mano a internarse en cada época, en cada florecimiento singular de nuevas primaveras, presidido por el simbolismo del árbol plantado en el que, muchas primaveras después, la bisabuela-tatarabuela se siente viva trepando por él, se escabulle del control de hijos y nietos, y recordando al joven con quien bailó… y que, ¡ay!, ya no está.

      El elenco de intérpretes, 30 personas en escena, ha contado con la intervención actoral del profesor Vicente Cervera, mostrando cualidades interpretativas de excelente factura dramática. 




      Uno de los grandes valores de Primaveras es la reflexión sobre el tiempo, caminando en una perspectiva histórica. Sincronía desde los años 50 hasta casi el final del siglo XX.
        
Las primaveras se suceden:
      —¿Cómo seremos dentro de 20 años?
         Proyección de los deseos, con los pies puestos en el ahora y la mirada en el futuro…
       Y cuando pasen las primaveras que consideremos que han de servir de medida, comprobaremos que los modos y las conductas se repiten, rayando los tópicos.

        (Y agradecemos los detalles de ‘toque’ de Jorge Fullana en escenario, luces, flashes, gags…) El Equipo de Dirección, con María y Mariángeles Rodríguez al frente, ha subrayado lo que había que mostrar y entender en el contexto y época. Un gran e inspirado trabajo.
    
Trabajo coral meritorio y eficiente, no solo con los intérpretes sino, evidentemente, del Equipo Técnico.
       Y la sala teatral, llena y sobrepasada de público. Por tanto, también éxito de asistencia.
      En breve, tras las fiestas de Murcia en Primavera, se volverá a representar.
      Procuren no perdérsela.

sábado, 17 de marzo de 2018

Color en la mirada, voz de sonetos extendidos y la música de Bach


    Museo de Bellas Artes, de Murcia, inauguran el ciclo cultural “Homenaje a Murillo” con tres Artes en conjunción: Pintura, Música y Palabra.


Irene Ortega, (violonchelista), Sonia Varó (voz trovadora) y Santiago Delgado (escritor).

El espacio pictórico del MUBAM, dulcemente inundado con las Suites de Bach, camina alentado con los sonetos “ECCE HOMO” y “CRUCIFICADO” del escritor Santiago Delgado, recitados por la inspirada y cálida voz de Sonia Varó.


        El engranaje, unidad de las tres artes vinculadas, es sólida base para crear una tradición. En la compleja sencillez muestran culminantes resonancias estos «Sonetos» con la Pintura y la Música: Cuadros, verbo y acorde sonoro forman una unidad viva en un espacio transformado.

        Santiago Delgado ha explicado que la experiencia contiene una dimensión plástica a través de la conjunción existente entre pintura, poesía y música, vínculo que llama a pensar con el corazón la vida, el amor y la muerte.
La música, en contraposición al silencio, aporta una condición esencial para la contemplación de los cuadros y la inspiración creadora del poeta.
Salón de actos del Museo de Bellas Artes, acústica propia, donde la violonchelista Irene Ortega ha interpretado dos suites de J. S. Bach, piezas que son monumentos de la música barroca y también de la cultura occidental.
     Considerada violonchelista de su tiempo, creativa en el panorama actual, Irene ha hecho sonar su chelo en el marco del MUBAM para deleitar a los asistentes con su interpretación de las suites 2 y 5 de Bach, con extraordinario refinamiento tímbrico y rigor rítmico, que denotan una energía que va más allá del esfuerzo por interpretar a Bach.
       Estas composiciones, elegidas para el evento, son una muestra de la grandeza del espíritu humano. Bach es un compositor barroco porque vivió en ese periodo, pero es el más grande moderno. Escúchese atentamente la zarabanda de la Suite número 5: podría decirse que acaba de ser escrita.
Irene, temperamento apasionado y abierto, se sienta, nos mira y se pone a tocar en solitario a los pies del Cristo. Símbolo que comienza aquí una de las tantas relaciones artísticas que se enriquecen mutuamente de manera sustancial.  
       Hay sido una oportunidad especial ya no solo por la música de Bach, sino por el hecho de estar rodeados de arte y escuchar dos sonetos.

        Fructuosa ha sido la relación de la palabra escrita por Santiago Delgado en la inmejorable interpretación poética de Sonia Varó, en sintonía con estas dos piezas musicales de envergadura, que han surcado el aire de la sala, transportando el sonido sensible de los cuadros.
      
Es el chelo instrumento difícil, de gran sonoridad. Con las «Suites para chelo», de Bach, la intérprete ha retratado el ambiente, y ha quedado superado el temor reverencial que estas partituras nos suscitan a todos.  
   
    El sonido del violonchelo, el que se parece más a la voz humana, nos enseña en deleite que cada instrumento suena de manera distinta en manos de diferentes personas: persona y chelo vibran juntos.
      Cuando hay música tan expresiva, las palabras vienen a ser imprescindibles. Y ahí ha estado la voz de Sonia Varó, en perfecto encaje, con sonora musicalidad.

     El público, totalmente entregado desde el principio, leído el primer soneto, y la atención en la belleza del sonido del violonchelo, que contiene en su interior un bravo sonido de miel.
      Ha gustado.
    Hay que felicitar por esta idea colorista, sonora y de palabra poética envolvente hecha realidad.

      …Y el viernes que viene (el de ‘Dolores’), nueva entrega musical, poética y pictórica en el MUBAM.

domingo, 11 de febrero de 2018

"Casandra", a escena. Tradición y permanencia teatral en La PALMA (Cartagena)


    
Ahora TEATRO, ¡porque sí!”. Desde el día 10, se extiende hasta el 24 de febrero.

     Centro Cívico de La Palma. Se trata del único certamen de teatro amateur exclusivamente de comedia que se celebra en todo el país.
 20 años de teatro organizado:
      “Si non parva villa in theatrum grandis est
 (No hay pueblo pequeño si el Teatro es grande).

      Gala de Inauguración en la que se le ha rendido homenaje al actor cartagenero, Isidoro Máiquez, por su 250 aniversario de su nacimiento.
     Seña de identidad y valor cultural del teatro, donde un público fiel, movido por la asociación teatral del pueblo, [“Ahora Teatro”], mantiene encendida la llama sagrada de la afición, y acude al Centro Cívico. 


       Más que suficiente motivo para creer en la esperanza: “El Teatro, vive”.

          La obra “CASANDRA”, de la dramaturga murciana Diana de Paco, con la compañía Traide Teatro, inauguraron el vigésimo Certamen de Comedias de La Palma, en 2018.
      Mantenida emoción en el escenario y en la sala.

         Un espacio escénico que llena en plenitud la actriz Marina Miranda, con la singular dirección de Miguel Cegarra

       La historia de la princesa troyana esclava, Casandra, maltratada y traicionada por los hombres y por un dios, Apolo; éste la maldice y la induce al descrédito y a la muerte violenta.

Hermoso monólogo, de la figura de Casandra, hija de Hécuba y Príamo, la hermana de Paris, mujer valiente y rebelde, castigada a predecir el futuro sin que nadie la crea.  Joven adivina de la mitología griega, Casandra-Marina nos expone con vital crudeza su tragedia. Voz femenina, grito de inconformismo y libertad, en el supremo esfuerzo de remover la pesada losa de silencio que se le impone a la mujer. 

Diana de Paco, en esta versión teatral, recoge y expone la verdad de Casandra: amor e injusticia, la mentira del poder, el yugo que somete a la mujer mediante el maltrato de los hombres…

Llega la rebelión contra la injusticia y el sometimiento, es símbolo de la situación de muchas mujeres en la actualidad: Perdona, Casandra, porque te ignoramos: eras sabia, dabas miedo, estabas maldita. Desde el teatro, ahora, modificamos nuestra percepción y te admiramos, te queremos. El Teatro hace reflexionar sobre la necesidad de cambiar, la necesidad de decir: Nunca más maltrato ni discriminación”.
te i

La interpretación, de entregada profesional de la escena: la actriz Marina Miranda es CASANDRA: lo vive y lo muestra.
(Aplausos largos y extendidos. Los tiene, los merece).

El trabajo de dirección de Miguel Cegarra, excelente, creativo e impresionante.
Y Diana de Paco, emocionada y feliz, en la primera fila del Centro Cívico de La Palma
      Casandra, la que lucha, la que se resiste a la sumisión, la que nunca muere.

     Ese es el ‘espíritu’: continuar, esfuerzo e ilusión.

       Larga vida a la inquietud y práctica teatrales en La Palma.
Enhorabuena por el Certamen.

sábado, 20 de enero de 2018

La violencia contra las mujeres: Hombres que usan su posición de poder para intimidar, acosar sexualmente a mujeres que demandan un puesto de trabajo



Eva a las seis
(obra teatral de Diana de Paco)



                            Dímelo, ‘en plan Teatro
                       ¿Por qué a las seis y no a otra hora?
  La respuesta es sencilla: hora de levantarse para ir al trabajo, a las seis. Es una hora mágica, digámoslo así, por tener un trabajo al que acudir.
          Suavemente fría es la tarde de enero, atravesada por una brisa intermitente que llega desde cumbres nevadas algo lejanas.



             Sentados en un banco de piedra, conversan tres jóvenes, dos chicas y un chico.

   

—¿Vosotras creéis que ya ha pasado la crisis? —comenta el chico.

—¿De qué crisis hablas? —pregunta una de las chicas, la morena de largo pelo recogido en forma de cola de caballo.
De la crisis económica. Dicen, me parece haberlo oído, que ya hay más empleo, —intenta aclarar el muchacho.

Más empleo… Puede ser, —avisa la otra chica de pelo corto castaño claro.

—¿Perdona...? ¿Descreída? —pregunta con escepticismo la primera jovencita.
No, no es que sea descreída; es lo que veo en la realidad. Hablo de crisis de valores. Todo el mundo va por ahí diciendo que hay que educar en valores, pero, ¡ah!, miran para otro lado ante transgresiones de valores que quedan en la impunidad, —manifiesta la muchacha mencionada en segundo lugar.
   —A ver, a ver, aclárame eso de “transgresiones a los valores”, que me pierdo, —alega el muchacho.
    
   —Me da la sensación de que tú también eres de quienes miran para otro lado ante la explotación en el empleo, y, aún más, si son mujeres, —acomete la joven castaña.
      
—¡No me querrás dar la brasa feminista! —intenta defenderse el chico.
Me lo imaginaba: no te enteras de lo que pasa, —expresa con tono enfadado la moza de pelo largo.
Tú, entonces, ¿no sabes nada de los favores sexuales que muchas mujeres, han de cumplir con quienes las contratan? Sí, en esta ciudad mismo, en esta sociedad española y europea, no me mires así, —advierte la chavala de pelo corto y castaño.
—¿No estaréis exagerando? ¿Cómo lo sabéis? —desafía el muchacho.
No hay peor ciego que quien no quiere ver, —refranea la chica morena.

  Aquí nos tienes. Y a nosotras también nos han propuesto, sin cortarse, que si queríamos trabajo, y eso que era para contrato de tres meses y menos de setecientos euros y doce horas de jornada, habíamos de pasar por el sofá o la cama, —informa la otra.
Porque me lo decís vosotras que, si no, me parecería una invención. ¿Qué llevas en esa carpeta?
     
La hemos encontrado aquí, hace un rato, —dice una.
       
Contiene una obra de teatro, en 30 folios, —informa la otra.
  
—¿Y de qué va? ¿La habéis leído? ¿Es interesante? —machaca con insistencia el chaval.
    Sí, la hemos leído. Trata de lo que estamos hablando, de la crisis, —afirma la del pelo largo.
Y todo eso ¿no se denuncia? —pregunta el muchacho, con cierta dosis de ingenuidad.


      Como poder, se puede. Es difícil enfrentarse a las sentencias judiciales por las que se estima el consentimiento en la mayoría de edad, y no supone penalización.


Entonces... ¿qué? —plantea el muchacho.

       


Que también hay otras vías de denuncia.


     —¿Cómo cuáles? —insiste el chico.
Obras de teatro, como ésta que nos hemos encontrado, —razona la morena del pelo corto.
      
—¿Y no sería mejor hacerlo en cine? —presupone el mozo.
     

Sí, claro. Una película o un documental pueden ayudar bastante a entender y rebelarse contra esta situación. Aunque la obra de teatro, en directo, es la empatía con la acción y la proximidad de los personajes. Las ideas expuestas en el teatro son creíbles por sí mismas, —concluye la chica.
    
—¿Y si no se representa la obra? —insiste el muchacho en su desconfianza.
—¡El teatro también se lee! —afirman a dúo de forma incuestionable las dos mujeres.
    
         Las luces de sala se han apagado, recogen cortinajes, sube el telón. Comienza la función, “Eva a las seis”. Una intérprete aparece y emite la primera palabra en la escena, un nombre masculino:

     —“Mario”,

    quien no está presente, aunque su traza late en la palabra que le nombra.        Es básico, personaje referente y sustancial entre las ideas que se remueven y emergen del texto. Mario se interpuso entre el entonces novio de Eva y ella misma, intentado el chiquillo evitar la agresión que, violentamente, -no puede ser de otro modo- el novio cometió la tropelía y, de resultas, el chico, Mario, cayó grave y permanentemente lesionado.

     El Coro de Voces (tres) prorrumpe con exuberante versatilidad y llena el aire de refranes, de agilidad expresiva y de humor ácido. Mutilan y regeneran decires en otras expresiones, combinan fragmentos en unión inusuales, contradictorios a veces, creativos de nuevas sentencias; refranes que, en su rompimiento y posterior forzado engarce, (¿decadencia?) prenden la atención y la mueca.

     La propuesta especulativa gira en torno a que, cuando las cosas vienen mal dadas, hay que refranear. No es fácil tarea, pues no todo el mundo conoce el fértil y amplio caudal del Refranero popular y la necesidad de una sonrisa, aunque sea desamparada.
     La autora desdramatiza la desconcertante situación de chantaje laboral, con el uso de estas manifestaciones lingüísticas y su enredo en clave de humor. La realidad queda envuelta en espeso manto de expresiones y palabras: los refranes se descoyuntan y se vierten en nuevos moldes. Siempre es una vía de hallazgo.
                            La protagonista, Eva, llega a sentir agobio ante tal profusión de palabras en frases hechas y a gran velocidad. Los refranes se caracterizan además por el empleo del humor y la ironía. Remiten a don Quijote advirtiendo a su escudero:    
               «Parece, Sancho, que no hay refrán que no sea verdadero, porque todos son sentencias sacadas de la mesma experiencia, madre de las ciencias todas».
                     Y continúa el Caballero de la Triste Figura:
Sancho, no has de mezclar en tus pláticas la muchedumbre de refranes que sueles; que puesto que los refranes son sentencias breves, muchas veces los traes tan por los cabellos, que más parecen disparates que sentencias”.
          Regresamos al escenario.
          Mario no aparece, no responde. ¿Esperamos a Mario como se aguarda a Godot, personaje central de la famosa obra teatral de Samuel Beckett?
          No, no es eso.
         Eva, la protagonista, filóloga de profesión, a la vez que voz narrativa, acaba de ser despedida de su trabajo: la versión oficial es la de “por recortes y ajustes”. La razón real es muy otra.
    
               El grupo actoral, las tres Voces y Eva, resuelven con eficiencia, agilidad y humor la situación que se llena de palabras usadas desde tiempo inmemorial, aunque Eva, la filóloga sí lo sabe.
      
      Hay insistencia en diferenciar la primacía de lo masculino sobre lo femenino. La obra de Diana de Paco es la locura léxica que, como lluvia externa, desdibuja lo aparente y el hecho real. “Crisis” es un vocablo que, por una supuesta corrección política, llegó a ser innombrable; (“Crisis es la gran excusa de los gandules”, sentencia la Voz 3ª en su versión de ‘Jefe’, personaje despótico.
     
      ¿Y Mario, el hermano de Eva?
       Está en coma desde hace mucho; por traumatismo craneoencefálico, efecto colateral derivado de la agresión sufrida a manos de quien entonces era novio de Eva.

“Ha pasado mucho tiempo. No hay olvido.

Mario era pequeño, tenía diez años.

Se puso en medio, cuando me cogió del brazo.

Mario cayó al suelo, el golpe fue muy fuerte.

Ese golpe era para mí, como tantos otros".

   
  Y ahora, en la hora "mágica", las seis de la mañana, Eva está ante otro agresor, el lujurioso energúmeno de su Jefe, que pretende doblegarla y disponer de ella en sus turbios manejos:
"Cuando el Jefe me cogió del brazo le miré a los ojos.
Me recordó a él, a mi ex".
          Eva se defiende de su jefe, espoleada tanto por el recuerdo como por las pretensiones extralaborales a las que no accede. Eva lo explica mediante un monólogo bien construido, plagado de espeluznantes recuerdos y de impresencias.
                                  Concluye la obra.
                 La mudez ha invadido a los asistentes. Como velo de satén que amordaza. De pronto, alguien inicia el aplauso al que se suma toda la sala.
              El público abandonan la sala teatral muy despacio, se miran, las sonrisas tranquilas tienen pinceladas de tristeza.
         Una mujer comenta a su acompañante:
      
De toda la vida, los jefes y contratantes ponen la concesión sexual de la contratada, una no escrita cláusula que, atemorizada, se ejecuta sin pestañear. El jefe o quien pueda decidir, despide para reafirmar su poder y autoridad, y no deja de ser proteccionista, como si de un vehículo u otra cosa se tratara. Se aprovechan de su posición de dominio.
Entonces...
Mientras podamos, no vamos a transigir con eso. Hagamos por poder.
   
          Intercambiar libremente placer y amor es algo que podemos definir como hermoso y confortante, voluntad en libre disposición, sin coacción, fluencia alegre de ambos cuerpos.
     
    Sin embargo, larvadamente, se mantiene este uso/abuso tentacular, que creíamos disuelto hace más de cuarenta años. Y no se castiga. Persiste en el currículum oculto como forma de dominio feroz, de explotación y efecto colateral degradante: el dueño de la empresa, o el jefe o el capataz se sienten propietarios de vidas, como amos de la situación, (“si quieres, quieres… y si no, ya sabes…”). La prepotencia no busca una relación de bella delicadeza, sino el significado de que por ella se somete despóticamente a las necesitadas de empleo.
      
       Subyugar la dignidad y la voluntad de aspirantes a un empleo; a cambio de un provisional puesto de trabajo, remunerado por debajo de valía y capacidad. Más grave aún cuando se trata de una mujer que, humillada, elige acallar a su conciencia por la necesidad de ingresos para sobrevivir.
       
       ¿Es esto una persistente e ignominiosa forma de esclavitud?
     
       La dramaturga Diana de Paco lo expone con toda crudeza, a la vez que ofrece el contrapunto absurdo del humor, que atenúa el impacto de la evidencia. Esperamos justicia.
      
        Diana de Paco domina la representación de lo humano como multitud. Una humanidad que renuncia a su destino movida como marioneta. Es la conjetura de la corriente del tiempo, que Diana sustancia en acción teatral de trazo áspero y de evolución grotesca.
      
        Nos ponemos en pie: aplaudimos, largamente.
    
        Una pregunta resuena todavía en el interior:
     
       ¿Cómo expresar la verdad y ser artista?
      
       Sabemos que el arte supera a la realidad.
      
    Eva a las seis” es una pieza teatral con expresiones visuales y sonoras, mientras se encadenan los refranes en distorsión y recomposición. Búsqueda para denunciar situaciones, agitar conciencias y construir con palabras.

           Sin duda supone un gran acierto que Diana, la autora, atienda a estos factores, incuestionablemente decisivos. El proceso de trabajo teatral, integrado en la evolución escénica, cuida la transmisión de un orden desordenado y muestra un rico conjunto de componentes, gobernado por la elocuencia y la accesibilidad.
   
Lo he pasado bien mientras leíamos. Da gusto escucharos, —dice el chico mirando a sus amigas.
     
Pues yo estoy consternada, —manifiesta la chica del pelo largo.
     
A mí también me ha removido. Los temas son imparables en la creatividad de Diana. Estoy segura de que de sus obras surgen otras: es el impulso de su lenguaje expresivo, —asevera la del pelo corto.
  
        La lectura ha convertido el sueño en vida y la vida en sueño.
   
   No es fácil escribir historias. Desprovistas de moral son inhumanas. Al derramarse palabras, los proyectos puede que marchiten en el papel y que las ideas e imágenes desfallezcan. Diana consigue reanimarlos, por fortuna. Y se aprende de la enseñanza de los maestros.
       
      De Flaubert, Diana sabe que el talento es una disciplina tenaz y de larga paciencia.
    
       De Faulkner ha heredado la responsabilidad de que es la forma —la escritura y la estructura— lo que engrandece o empobrece los temas. Lo importantes que son la destreza estilística y la estrategia representativa. Una obra de teatro, comprometida con la actualidad, puede cambiar el curso de la historia.
      
      Las influencias que convergen en Diana de Paco son innumerables. Y revela su exploración horrorizada de los abismos de lo humano, combate los desvaríos sociales con humor. Aun en pésimas circunstancias, hay esperanza.
     
        Para Diana, escribir no es un lujo ni la cultura un privilegio; es una vocación, porque la escritura contiene sufrimiento.
      Diana considera que es justo denunciar, en el papel y en la escena, para que florezca la sociedad que alcanza la libertad, la prosperidad y la justicia. Escribir, fundamento de la condición humana, es protestar contra las insuficiencias de la vida. E inventa en la ficción las muchas vidas que se quisiera vivir, cuando apenas disponemos de una sola.
      
    Saludemos con alegría la nueva obra teatral, “Eva a las seis”, de Diana de Paco Serrano.