sábado, 18 de noviembre de 2017

Conocer y asumir la herencia: 2.500 años siguen iluminando el devenir.


¿Qué hacer con el legado recibido, cultural y humano, que es permanente?
 Cuidado, respeto y difusión.

    Alguien llega a lo que debiera ser un campo fértil y se encuentra un terreno yermo, delimitado aunque sin cultivo, un páramo. Tiene dos alternativas: acomodarse entre lamentos en la intemperie y pasar el tiempo; o bien, con el ímpetu de las ideas claras, con la fortaleza del objetivo limpio de que la realidad sea otra, entonces remangarse y protegido mínimamente de las inclemencias, con las escasas herramientas de aquella coyuntura, hacer que el agua llegue y riegue. Tras el trabajo mantenido de ese alguien, valiente, persistente y sin descanso, renovando el objetivo en la lucha contra la inhibición ante el necesario cultivo, las espigas emergen sólidas, los sarmientos consolidan la viña, y el olivo, de crecimiento parsimonioso pero dinámico, ofrece los primeros frutos para obtener aceite de calidad suprema.
      
      Es una labor intensa, esperanzada y paciente de la agricultura mediterránea por excelencia: 

· el trigo, básico para el pan, como el pensamiento lo es para la vida y la convivencia.



· la vid, en sus racimos de energía congénita ofrecerá el vino, en tragos intensos sin llegar a la ebriedad: como vivas y profundas son las lenguas mediterráneas y su inseparable estudio de las culturas esenciales que se producen en el Mare Nostrum. 

· el olivo, generoso en su fruto para el aceite, es árbol resistente y duradero en el tiempo, con la fortaleza de los habitantes que acertaron a pasar del Mito al Logos.

     Como el empeño de Paquita Moya, y el esfuerzo de María Teresa Beltrán, de Charo Guarino y Diana de Paco.

       En el largo párrafo anterior se condensa el trabajo de la, intelectualmente hortelana y comprometida profesora Francisca Moya del Baño, en su doble actitud y práctica: de ariete, para remover obstáculos y puertas cerradas; y de renovada siembra de la civilización evolutiva que comenzaron aquellos mediterráneos, de hace más de 2.500 años, y que es tenemos en herencia viva e imperecedera. 

En el origen, Grecia y Roma, que crearon lo que es herencia de todos.
        En el último cuarto del siglo XX, el fructífero trabajo de la profesora Moya del Baño, traductora canónica de Ovidio y sus ‘Heroidas’.

          Esta docente entregada, (familiar y cariñosamente conocida como Paquita), su esfuerzo desembocó positivamente en la creación y funcionamiento de los departamentos y áreas de Filología y Cultura Clásicas en la Universidad de Murcia.

      Lo primero, el patrimonio de lenguas y culturas clásicas. Que no se nos olvide: no ignoremos lo que nos pertenece y que debemos mantener fresco y renovado.

      Y, otra modalidad de herencia: la del esfuerzo y ejemplo de Paquita Moya del Baño para la solidez y vitalidad del legado grecorromano.
   
  Internados en el siglo XXI, una brillante idea de la doctora Diana de Paco Serrano, se implementa, en el año 2012, con actos programados y participativos, manifiestamente orientados a la difusión y conocimiento de las Lenguas y Cultura Clásicas, para que no se ensombrezca y, por desidia, lleguen a desaparecer del curriculum de Bachillerato.

  





   Llegan nuevas docentes con este panorama y se suman a los proyectos, como lo es la doctora Rosario Guarino Ortega, profesora y poeta, que añade modalidades y nuevos matices para el estudio y vitalidad de las Lenguas Clásicas.




      Aparece y se consolida la asociación de profesorado y, también, la Sociedad Española de Estudios Clásicos (SEEC), que preside la profesora María Teresa Beltrán Noguer, quien estimula, respalda y alienta las acciones y proyectos para la renovación dinámica en el estudio y difusión de la Filología Clásica. 



     Confluyen estas 4 profesoras emprendedoras en los vértices del rombo, vorágine de actividades para lenguas clásicas y Humanidades.

   (Indudablemente, hay más implicados, con participación modulada. Las cuatro profesoras mencionadas son cardinales).
   (Como las respuestas a lo que Bertolt Brecht formula en su poema “Preguntas a un obrero que lee”: “Tantas historias. / Tantas preguntas”).
      Y ¿qué ha ocurrido en la mañana del 17 de noviembre, en el acto abierto al pueblo? (mejor que decir “público”, que contiene algo de pasividad).

      Situación.- Plaza de la Universidad de Murcia, campus de La Merced, Escalinata de la Facultad de Letras, como en las antiguas Grecia y Roma, se transfigura en ágora. Hoy, en Asamblea pública y participativa, el legado se muestra fresco y vigoroso, inmarcesible tras más de dos mil quinientos años. Las lecturas, con la algarabía de la juventud y la participación madura. 



      Centro neurálgico donde se vive en la herencia clásica recibida, (contemplada y recogida en los planes de estudio). Conscientes de ello o no, todos la llevamos impresa, como mínimo, en la lengua que hablamos.

      Ágora en la sede universitaria, también para los estudiantes de Bachillerato, foro abierto a toda la sociedad, para la dialéctica, para los vivos textos clásicos, para el teatro, para reconocernos herederos de un patrimonio común, que compartimos siempre y que se remueve en estos días, en la fecha cabalística de 17-11-2017.



     Es la cuarta edición del evento ideado por iniciativa de Diana de Paco, helenista y dramaturga, profesora en el Departamento de Filología Clásica, con el propósito de reclamar un lugar para la Cultura Clásica, el Griego y las Humanidades en la LOMCE. 

Yo conozco mi herencia, ¿y tú?
      Acudimos, con la camiseta simbólica y comprometida.



     Como canta Franco Battiato:

Mr. Tamburino, yo no quiero bromear,
pongámonos la camiseta,
los tiempos cambiarán
somos los hijos de las estrellas
y bisnietos de su majestad el dinero…”

Conferencias-coloquio, las que ha animado y coordinado la profesora Rosario (Charo) Guarino, con la presencia de la escritora Isabel Barceló Chico quien, entre otras muchas dedicaciones, ha escrito los bellos textos de Corina, en respuesta a los correspondientes de Ovidio.




     Lectura y dramatización de textos clásicos grecolatinos, mediante otros caminos que abundan en la importancia de la cultura y las humanidades en el sistema educativo.



     Este año han sugerido que los textos estén relacionados con OVIDIO para conmemorar el bimilenario de su muerte.



          Y sigue martilleando la pregunta:



“Yo conozco mi herencia, ¿y tú?”



    que invita y alienta para fortalecer el conocimiento de las raíces culturales y del valiosísimo legado que Grecia y Roma, como hoguera que se enciende y necesita el continuo cuidado para que no se apague, pues no es vaso que simplemente se llena.

¿Qué significa el nacimiento y desarrollo de lo que entendemos por Cultura Clásica, de los mitos y símbolos que conforman nuestra identidad?


       Es algo comúnmente aceptado que hay unas características propias y definidas, una serie de rasgos particulares que, unidos a ciertos ritos y símbolos, conforman lo que llamamos Cultura Clásica.

      Durante mucho tiempo se presentó la formación del carácter y las peculiaridades de las personas en el área geográfica en torno al Mediterráneo, como un proceso secular y paulatino en el que se desarrollaron estos rasgos. 

   En la construcción de la identidad, los mitos forman parte de la narrativa de la historia, fundamental para la literatura, las artes u otros géneros de conocimiento. Sentimiento de comunidad humana con lazos o vínculos comunes.

      En el ocaso del interés por la figura del "héroe", habrá, todavía, quienes se pregunten si existe realmente la herencia cultural.



El pasado se proyecta hacia el presente.

¿En qué aspectos de lo que somos podemos rastrear la influencia de los mitos griegos? Los mitos son una parte limitada del mundo griego.

     Reflejan la gran imaginación de los griegos, su capacidad para crear un mundo de dioses y diosas de enorme humanidad. Los dioses griegos son tremendamente humanos, son también divertidos, patéticos...

       La mitología pasó a formar parte de las ficciones poéticas, pero permaneció. La noción sobre el alma, la inmortalidad del alma, la ética, la conducta social, eso ya estaba en Platón.
En Sócrates está la universalidad del logos por el diálogo, y su mayor ejemplo son sus últimos días.
        Los mitos siguen vivos y se consideran tan reales como los sucesos diarios y cotidianos. Se reinterpretan una y otra vez encontrando en ellos nuevos sentidos. Incluso se invocan en los juicios. 

       La psicología analítica nos enseñó que los símbolos se inscriben en la información genética, lo que recibimos en nuestra herencia cultural y ayudan mucho a comprender y a transmitir. Son más que mitos o estereotipo, en los que se reconoce la herencia cultural que constituye la raíz de Europa y de las naciones surgidas con su aliento.

        ¿Cómo se percibe que los saberes clásicos sufran el arrinconamiento de las Humanidades?
        Hay un desprestigio general de las Humanidades: esta sociedad, pragmática, solo busca el bienestar económico y nada más. Y por otro lado, hay un problema dentro de la propia universidad, un problema de falta de fondos; cada vez hay menos profesores, una mayor penuria para comprar libros, para acondicionar despachos...
Los políticos, cuando hablan de cultura es siempre desde el plano económico. Estudiar clásicas hoy, tal y como está el mercado, solo puede ser vocacional.
Es un proceso histórico como matriz de una tradición que no podemos menos de asumir y de una herencia que, a la vez, no podemos ya heredar sin más.

        La enseñanza media tenía sus profesores de griego, de latín. Ahora esto ya no es así en la enseñanza pública.
     ¿Cómo convencer a un adolescente indeciso de que son importantes las humanidades, de que las debe estudiar y conocer también la cultura clásica? 
        La sociedad griega, que está en la base de la nuestra, sintió la libertad, la humanidad que permitió la democracia, la filosofía, las matemáticas. Cuando uno lo compara con otras civilizaciones se da cuenta de que los griegos han sido el pueblo con más capacidad de aventura que ha existido. La ambición del hombre por someter a crítica todo lo heredado: vida, historia, cuerpo, lengua.

       Tenemos mucho de los griegos; más de lo que pensamos. Tenemos ese sentido de la libertad, de lo importante que es la conciencia individual. De ellos nos viene el gusto por el arte, la apertura hacia el mundo.
En los textos griegos en concreto, se pierde en la traducción, la música, la belleza del léxico... pero siempre se conserva lo fundamental.

Como ejemplo, la lucha por la dignidad. Es el lema que late en el interior de «Troyanas», texto de Eurípides

Ciudadanas de Troya; “Troyanas” encontramos en todas las épocas y en todas partes. Troyanas son las que resisten, como Lisístrata. Habla de esas mujeres, de cómo sufren, de cómo se las reparten, de cómo los vencedores en las guerras destruyen culturas y lenguas...»

Hay una lucha por sobrevivir, por mantener la dignidad. Aquí las mujeres lloran porque sienten dolor, pero hay resistencia en ellas. Y, por encima de todo, Hécuba es una mujer que, a pesar de haberlo perdido todo, no deja de luchar: Hécuba es la madre universal.

En la obra que han representado alumnas de Instituto, se subraya la grandeza de las mujeres en una situación tan extrema y calamitosa como es una guerra. Es un canto a la resistencia y la fortaleza.
       
               Utopías

La esperanza de alguien, en plural, que cree en la humanidad, en la filosofía y la ciencia: la ética del respeto de los unos por los otros sólo se consigue con un aprendizaje arduo en la vida familiar y académico donde el ejemplo es fundamental. Para aceptar lo que realmente somos hay que desarrollar un conocimiento de la vida humana en el contexto de la vida total a la que pertenecemos. Y conocer que, al llegar a este mundo, ya disponemos de un legado grandioso, amplio a la vez que sencillo, honesto y eficaz.

      El Renacimiento europeo se produjo por una vuelta al «pasado» grecolatino, creó el mundo moderno. Hay que superar ese análisis que dice que los mitos son «mentira» y recoger toda la herencia del pasado: Egipto, los dioses griegos y romanos, los mitos bíblicos y cristianos, las leyendas medievales, los mitos artúricos, la alquimia, los cuentos de hadas...

En un amplio movimiento hacia la imaginación y la poesía.

La misión del intelectual es terrible: debe tomar partido.

Toda la herencia resuena en las páginas como esperanza y como ejemplo para el mundo. Porque tiene capacidad de transmitir su energía en un momento en que lo populista y lo radical devoran la consistencia anímica de Occidente.  
Hasta el punto de que, aunque quisiéramos desprendernos, aunque donáramos nuestra herencia clásica, no se pierde: afianzada está y se extenderá a quienes la compartan.

Ha sido un jornada bella y emotiva, pues el conocimiento se ha extendido en el ámbito.

Espoleado por quienes hemos querido participar, los chicos y chicas de Institutos de Enseñanza Media; y también, entre otros y otras, -otra vez ‘silenciar’ a muchos profesores e intelectuales que han puesto, en el aire fresco de la plaza de la Universidad, su párrafo; ente otros/as: la profesora Virtudes Serrano,
el poeta Sǿren Peñalver,

el escritor Santiago Delgado,

así como componentes del grupo teatral -que actualmente trabaja en “El Juglarón”- con textos de “Ovidio-Corina”, (bella creación de la escritora Isabel Barceló), de los que destacamos:

OVIDIO Y EL MALTRATO 

“Si estás aquí como amigo, ahora que mi locura toda se ha desvanecido ya, átame las manos, pues se han hecho merecedoras de cadenas. Sí, ha sido la locura la que lanzó mis brazos insolentes contra mi amada. Y maltrecha por mi mano furiosa está ella llorando ahora. (…)
¿Quién no me llamó “loco”? ¿Quién no me llamó “bárbaro”? Ella nada dijo; su lengua estaba paralizada por un miedo pavoroso; y sin embargo, su silenciosa mirada me hacía reproches; con sus lágrimas me hizo reo, sin decir nada.
¡Ojalá que antes se me hubieran caído los brazos de los hombros! ¡Habría sido una ventaja poder carecer de esa parte de mi cuerpo! He derrochado una violencia loca para mi propia perdición, he sido valiente y fuerte para mi propio castigo. ¿Qué tengo yo que ver con vosotras, servidoras de la matanza y de los crímenes? Manos sacrílegas, soportad las cadenas que os habéis merecido.


CORINA: RECHAZO DEL MALTRATO A LAS MUJERES

¿De qué me sirven tus lamentos mientras se amorata la piel de mi rostro? ¿A qué amigos llamas para que encadenen tus manos culpables, esas manos que me han golpeado vergonzosamente a mí, que te amaba? No llames a nadie, sino a Ovidio, (ya que parece que estabas fuera de ti) y dile, de mi parte, que no vuelva. Que si su amor ha de expresarse con violencia, no lo quiero. Dale este recado: mi respeto por él desapareció al primer golpe y en mí no hallará ningún vestigio del antiguo amor.
¿Quién desea tener por amante a quien le hace daño, aunque sea un poeta como tú, famoso por componer versos sublimes? Podrás engañar los oídos de otros, Ovidio, pero a mi corazón, te aseguro que no.



También el de Solón: “Las causas por las que perece la ciudad”.

==oo0oo==

Gracias al Departamento de Filología Clásica, Universidad de Murcia, singularizado en las profesoras Paquita, Diana, María Teresa y Charo.

jueves, 26 de octubre de 2017

Extraordinaria lucidez para escribir: Zaida Sánchez Terrer en los ámbitos de la existencia. “Verdad”.


Como una flor que crece en el asfalto

      

      Café Zalacaín, lunes literario, como es este 23 de octubre, como no puede ser de otra forma. Se presenta

Verdad”,



poemario de ZAIDA Sánchez Terrer.

         Un libro que comienza con la palabra “Escribo…” y concluye con la palabra ‘verdad’.

       
 Local al completo de personas interesadas: por cultura poética, por amistad, por cercanía de ideas y de ánimo. Por lo que sea, a tope.


       Presentadores, introductores de la obra han sido la poeta Isabelle Gª Molina y el profesor, —y también poeta—, Vicente Cervera Salinas.

       Isabelle saluda a Zaida con sus propias palabras, de entre las dedicadas al hijo que sí llegó, y así le dice:

Ocupas tanto
que tengo que expandirme
para abarcarte”.





             Asegura Isabelle que este libro que hoy se entrega al mundo acoge poemas de diferentes poemarios que Zaida conserva inéditos.



     “Se expande, ya sin  límites”, apunta Isabelle, “dejémonos abarcar por Zaida y expandámonos con ella”.

     Y la confluencia de lectores, en voz alta emocionada, como Alicia Poza y el acompañamiento musical a la guitarra de Raúl Molina. 

          Amigos en quienes podemos polarizar la cantidad y calidad de los presentes, que disculpen los demás, mencionar solo dos: el decano de la facultad de Filosofía, Antonio Campillo; y la Bibliotecaria de Alcantarilla, Mª José Gómez.

       Esta situación es el distintivo, no es extraño: es la marca de Zaida, cuando convoca a amigos, conocidos y diletantes, su expresión en espacio de su poemario, Verdad, que nos dice:
Es demasiado tarde cuando lo descubrimos
la verdad, finalmente, solo era el enunciado”.

    


  En este círculo que se abre y se cierra, coincidiendo con las páginas, los poemas se enlazan en los eslabones circunscritos.



Tiempo:
       “…Y me pregunto cuándo, después de tantos años,
dejé de conocerte”.


No he podido olvidarlo.
Después de treinta años,
todavía me queda de ti esa eternidad”.

Amor/desamor
Yo tengo que sufrirte
como te he amado.
…Como tampoco pude
escapar de tu amor cuando llegó”.

No temas caer en la tentación. No voy a disfrazarme.
Sé quién eres y sé quién soy. Moriremos al fin,
seguros de tenernos en la completa ausencia”.
“Después de una tormenta de silencio,
 Solo queda el amor entre las ruinas…
Dolor en la ausencia, y el desierto…
     “Ahora que no estás
      soy parte del vacío
      que contigo dejaste
                                       … … …
                                                              “Cuando me dueles tú,
me duele el mundo,
me duele respirar
y hasta quedarme quieta”.
“Me ocupa este dolor como invierno”.
      Pensar es rememorar.

         Hay memoria, también en las elegías. Para casos de personas de excepcional valía literaria, artística o de luchadora social, porque sus obras dan testimonio del universo, en las que la acción y la escritura se convierten en una imaginación expresada sin límites, contra la dictadura moral y la resignación.

        Como la presencia de la adolescencia y la infancia, por las que, con certeza, ser niña en el corazón de padres, tan afortunadamente presentes siempre; hablar a sus padres y puede escuchar sus respuestas.
    
     Y en su Ser(gio). Se volvería a vivir, aunque siempre falta tiempo.

        Lo que esperamos de Zaida es la palabra, sea narrada o sea poesía.

        Como la música, que contiene fuerza y dolor: soñar que se puede decir la verdad, pues la poeta rinde culto a las ideas. Por eso cada poema habla de lo que hace latir al mundo.

       Personas vinculadas y referentes que se fueron por la senda de la que no se regresa.
  
      Presentes las evocaciones de amigos y de personas influyentes. La pérdida: ‘Mis personas habitan en mí y conmigo viven’ viene a decirnos Zaida. Los poemas se escriben atendiendo a los ausentes, y se destinan a los vivos:

‘Para las que se mueren’.
Respiro quieta, sigilosa, vencida,
con un cansancio hueco,
lacerados de inviernos y de frío”.
  


       Poema recitado en la voz y presencia en este acto poético y, por tanto, también de pugna feminista, por la tenaz luchadora y briosa profesora, Alicia Poza, el estigma social y la pérdida de autonomía que vive la mujer —tanto genérica como individual, una mujer en la que muchas mujeres pueden reconocerse—, y lo lee en “Es menos primavera”:

Acabo de saber que ya no estás…
Recién inaugurada
la frágil primavera te marchaste,
donde la luz te lleva,
la que irradia tu vida y tu palabra”.

Tu nombre ha de ser huella
que recuerde el camino.
Ser mujer, todavía,
Sigue siendo difícil para muchas,
cuando no una condena”.

Padres/hijos,
                    Para ser hija se levantaron puentes que permitieran cruzar a otras orillas, se tejieron distancias de adolescencia y cuerpo que madura, y crecieron las alas necesarias para poder volar y poder volver”.

La rotunda verdad de Zaida:

Mi hijo, todo entero, es la belleza”.
“Antes ya de ser madre lo sabía,
pero no hasta qué límite,
ineludiblemente,
necesito ser para ofrecer mi ser”.

Para la hija que no llegó:
Porque tú te pareces
a todos los momentos infinitos y ciertos
en los que te he esperado
Y el poema “Regreso”, dedicado a su hermano:

 “...te amamos / con las manos, la pena, / la risa y las palabras”.

Los libros, que en Zaida, no pueden eludirse:


Hay libros que jamás necesitan adjetivos,
no son tristes ni alegres,
ni profundas ni simples, son verdad”.



Hay libros que se clavan y que duelen

que no pueden contarse
sin exponernos luego a quedarnos desnudos”.



   



       Los poemas de este libro se cierran, es poeta viajera, que vive su tiempo en espacios amados donde no es extranjera. Al final de ‘Itinerarios’, donde los asistentes y los lectores disfrutan de la poesía de Zaida, versos habitables, donde lo desconocido se envuelve en Luz.
       
Oficio de la literatura y ser mujer:
La armonía hecha verdad”.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Murcia en ásperos tiempos: fotos-testimonio, de Luis Argemí

En los Molinos del Río, Museo Hidráulico, junto al Puente Viejo, se exponen fotografías de Luis Argemí (1920-1994), quien retrató las personas, sus situaciones en los espacios de la capital (Murcia), en momentos de penuria y de clara diferenciación social.


Entre las novedades culturales de este otoño se encuentra esta exposición. Con su inauguración, se reactiva este espacio de al lado del río Segura, fotografías que miramos con curiosidad y guiño sonriente. 


En el acto inaugural de la exposición, que seguirá abierta hasta el 31 de octubre, han intervenido el concejal de Cultura, el escritor Santiago Delgado, el hijo y la nieta de Luis Argemí, el representante del equipo que ha trabajado en la edición de esta colección fotográfica; y la directora del espacio museístico.




      Ver estas fotografías es entrar en diálogo con nuestros antepasados, habitantes de la capital en aquel tiempo, al que hay que acercarse sin perder ni confundir las circunstancias, y distinguir las situaciones sociales: aunque sea minimizar, podemos decir aquello de que “siempre ha habido ricos y pobres”. 

     Las piezas muestran cómo era la vida en Murcia, en los espacios exteriores que le sirvieron de inspiración a Luis Argemí.
      “Murcia en los años 40” es el título de la exposición de fotografías sugerentes que puede verse en este ámbito expositor. Los textos son del escritor Santiago Delgado, quien ha participado, implicada y activamente, en esta muestra.

      Las fotografías de Argemí son algo más que una serie de trabajos mezclados: es una revisión, con mirada analítica, del momento social y antropológico en la década de los cuarenta del siglo pasado. Estas fotografías nos trasladan, con sus instantáneas, a un momento histórico en el que la preocupación deja paso a la conformidad en el tiempo de la posguerra.

     Un riguroso trabajo de investigación y selección ha llevado a configurar esta exposición que escribe a través de imágenes, como gotas de agua, algunas de esas personas que nos dejaron su testimonio aguardando un futuro mejor.
       El catálogo de la exposición, delicadamente editado, recoge las fotografías y los comentarios de Santiago Delgado en cada una de las imágenes.  Es un regalo para conservar y repasar, de vez en cuando. Todo un acierto. 

     Todas las fotografías, en blanco y negro, expuestas o no, son válidas, porque en ellas se hace visible el proceso en el tiempo/espacio, la movilización y transformación de la sociedad murciana. Una poliédrica exposición en la que se explora y se pregunta sobre el entendimiento de lo que es la condición de documento fotográfico de estas imágenes.

     Se trata de una "exposición de argumento", centrada en la fotografía relacionada con la ciudad y sus habitantes. Que nos conduce, cuando menos, a dos grandes preguntas:

 1ª.- "¿Qué sentido tiene el documento fotográfico?"
y
2ª.- "¿Cuál es la relación con los lugares y con aquello que las imágenes representan?"


Exposición trazada en un recorrido histórico y fotográfico, por espacios públicos y abiertos, áreas urbanas que muestran la cultura del paisaje urbano y sus coterráneos.
    El montaje se despliega en la planta baja del Museo Hidráulico, espacio público, dinamizador de encuentros culturales y acercamiento a la ciudadanía.
    La fotografía no es taquígrafa, porque también explica la condición documental, reverso objetivo de la memoria.
     Los organizadores reconocen que se necesita más de una visita para digerir todo lo expuesto, una narración histórica en la que se aporta una mirada nueva a la ciudad del pasado.

     Esta exposición  refleja una visión fotográfica plural y heterogénea; interpela directamente a la ciudadanía sobre la Murcia del pasado y su relación con el presente: un recorrido amplio por la construcción fotográfica de la ciudad, tras la Guerra Incivil.
       Por ejemplo, observar retratos, paisajes, como documentos históricos. 
      La exposición es una magnífica oportunidad para admirar, a través de la luz, la historia murciana mediando el siglo XX. Momentos abiertos, instantes concretos donde no sucede nada fuera de lo normal, aunque se genera una atmósfera de intromisión por parte del espectador, la sensación de que algo sucede establece un diálogo, fácil enlazarlo, entre la obra y el espectador, experimentando en el acto de mirar. Son fotografías que parecen fotografías. El cierto aire de reporterismo es interesante y divertido, cuando menos, incluso mueve el deseo de conocer y honrar a las personas retratadas.
    

Resulta interesante la creación, la relación estrecha con esas personas al otro lado de la cámara. En el retratado existe el deseo de una experiencia fuera de lo común. Y en el espectador mueve el deseo de que la persona dé todo, en esa cercanía en que confía y se muestra como realmente es.
      También adquiere una dimensión de ‘tema exótico’ por sus encuadres poco espontáneos. Hay simpatía en las miradas y cordialidad en las sonrisas.

Recorriendo la exposición, se puede apreciar hasta qué punto estas fotos son una forma de registrar el paso del tiempo. En las vidas de las personas, en los ambientes, en la ciudad.

      Es importante advertir que las fotos así expuestas no implican entenderlas de forma aislada, sino siempre en relación con una consideración social y estética más amplia y compleja. Momento dinámico, mirada hacia los seres humanos. En las imágenes de Argemí vemos a personas en acción, distinguimos posiciones, movimientos y, sobre todo, interrelaciones. Significado de la vida a través de la imagen, una concepción de la foto basada en la singularidad. 
Al final, también se crea una panorámica de fragmentos de anécdotas.


Cualquier lugar inesperado que capte la atención del público nos deja ver la conducta humana en aquello que les rodea: sus congéneres y amistades, en los espacios compartidos.
Quien quiera acercarse a esta propuesta, admirará los diferentes recursos de la foto del pasado, sobre la complejidad de las preocupaciones en el territorio ciudadano.
Hay que verlo.